KISSIN’ TIME: LUIS LECUMBERRY REVISITA ‘KISS’

Jefe de redacción en la extinta Guitarra Total, redactor en publicaciones como Ruta66 y Popular1 y fotógrafo extraordinario, Luis Lecumberry lleva toda la vida dedicado en cuerpo y alma a la prensa del rock’n’roll. Su objetivo ha capturado a miles de artistas imprescindibles, pero ahora es el turno de que nos desvele cómo le capturó a él la Banda Más Caliente del Mundo… esta vez, toca revisitar el disco de debut de KISS. Casi nada.

LuiscolorLa historia de KISS de los últimos años es como la de esa mujer que te miente, te saca la pasta y te maltrata, pero tú la amas. Por alguna retorcida razón, te quedas con ella: sigues fingiendo interés por lo que hace y cada vez que la miras se te iluminan los ojos pensando en que esa farsa que estás viviendo es tan intensa y emocionante como el día en que la conociste, o la primera vez que te enredaste en las sábanas con ella (o la primera mamada en un lavabo público, según el caso). Te miras al espejo y sabes que todo es mentira, que el fuego del principio ya no existe. ¡Hasta hay noches en las que Gene no escupe su llamarada de fuego!, pero tú sigues ahí. “¿Por qué?”, te preguntas cada tanto en uno de los pocos momentos de lucidez de los que dispones.
En esos casos, siempre, indefectiblemente, cierras los ojos y te transportas al principio, a la inocencia, a la confianza, a la excitación, a cuando te partías la cara por ella en un bar si hacía falta… igual que te partiste la cara con aquel mamón que se animó a insinuar que Ace era un mal guitarrista “¿Ace? ¡Lávate la boca, cabrón!” y ¡zas!, patada en los huevos. No has hecho mal, no es algo malo reventar a alguien que falta el respeto de esa manera al Hombre del Espacio, o a tu chica. Tu mujer te miente y Ace ya no está en la banda. Han puesto en su lugar a un tipo pintado como él, uno que lo imita tan a la perfección que ni siquiera se equivoca. ¡Ni siquiera se equivoca!, cuando justamente ese es uno de los principales activos de Ace: la posibilidad de error o de que, directamente, no se acuerde de cómo iba ese solo, o no se presente a una sesión de grabación.

Pero vamos a lo que vale la pena, al amor original. A la obra que sentó los cimientos de lo que después sería uno de los mitos fundacionales del rock americano de los 70’s antes de convertirse en un circo psicópata que se parodia a sí mismo. “KISS”, el álbum, es incuestionable porque reúne un puñado de himnos incombustibles de los cuales seis se han mantenido en el repertorio en directo de la banda durante estos cuarenta años de carrera. Este disco también representa la pureza y la simplicidad del rock and roll primigenio. Absolutamente todo está tocado por los cuatro músicos originales. No hay overdubs de sesionistas, invitados especiales, ni compositores externos contratados, algo que más adelante sería moneda corriente en la banda. Cada nota sale de la factoría Simmons/Stanley, con excepción de alguna composición brillante que logró colar Ace, y son canciones que al momento de entrar al estudio estaban más que masticadas. Cada riff estaba trabajado en los escenarios de los clubes de una New York que vivía sus días de gloria. Venían tocándolas noche tras noche para un público de enteradillos que cada vez crecía más y empezaba a darle forma a la leyenda. Incluso los maquillajes que se veían en la portada eran diferentes a los que conoceríamos después como los definitivos y en un punto eran incluso un poco cutres, pero tenían la belleza de la imperfección.

“I know a thing or two about her”, dice Paul al principio de ‘Strutter’ justo después de un redoble contundente de Peter que da comienzo a un disco que marcaría la historia, y allí se desata el pandemonio. Le sigue ‘Nothing To Lose’, donde te lo dejan claro: KISS no tiene nada que perder y están aquí para conquistar el mundo; ‘Firehouse’ es un tema de Paul donde le cede el protagonismo a las líneas de bajo de Gene, uno de los momentos de gloria del bajista en directo con su rutina de escupir fuego. A esta altura ya no puedes respirar mientras la aguja recorre el surco del vinilo. ¡Pero hay más! Está ‘Cold Gin’, una de las canciones fundamentales de Ace, en la que con un riff sencillo y entrador le rinde pleitesía a uno de los que para aquel entonces ya era su gran amor, el alcohol. Ace vuelve a hacer gala de buen gusto en el solo de ‘Let Me Know’; ‘Kissin’ Time’, es una canción de estribillo pegadizo pero que no va mucho más allá, quizás uno de los momentos más flojos del disco, pero que repunta inmediatamente con ‘Deuce’, donde Gene saca lo más profundo de su voz y otra vez Ace, como no, hace vibrar su Les Paul de una manera que no se había escuchado antes. ‘Love Theme from Kiss’ es un instrumental que huele a material de relleno, para dar paso a ‘100.000 Years’, con su interludio de batería .Y para el gran final queda ‘Black Diamond’, con su introducción acústica y la potencia rockera de la voz cascada de Peter.
Todas estas canciones dan forma a un álbum casi impecable, un disco seminal o un manual del usuario para las generaciones posteriores de rock stars.

Tu mujer te miente, eso no lo vas a poder cambiar mirando las fotos de cuando eran felices. KISS ya no son ni la sombra de lo que fueron, eso no hay toneladas de fuegos artificiales que puedan maquillarlo. Pero cuando quieras tomar un poco de aire para seguir, siempre podrás volver a la pureza y recurrir a una de las varias copias que tienes acumuladas en diferentes formatos, del primer disco de la banda de rock más grande del mundo y escuchar a los Fab Four de New York marcar el camino con sus pasos… Tu mujer no podrá entenderlo y al final te dejará, pero ‘KISS’ siempre estará allí.

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