KISSIN’ TIME: ALBERTO DIAZ REVISITA ‘REVENGE’

Un nuevo episodio en nuestro entusiasta homenaje a KISS: esta vez es el turno de Alberto Díaz, miembro fundador de Rock On, además de redactor en revistas como Ruta66 y Popular1 y autor del libro Discos Conceptuales y la novela Persiguiendo Ángeles. La obra a rendir tributo esta vez es Revenge, primer álbum de estudio de la banda en los noventa y uno de los trabajos más recomendables de su etapa sin maquillaje.

kss2‘Revenge’ (1992)

No recuerdo exactamente cuándo se produjo mi primer contacto con el ente KISS; quizás fue su actuación en el programa Aplauso, o a lo mejor se trataba del videoclip de «Shandi» o «I Was Made For Lovin’ You»… pero tampoco importa demasiado. Yo tendría unos siete años y ver a aquellos tipos maquillados en la pantalla de una televisión en blanco y negro me dejó bastante perplejo. Supongo que imaginé que aquello era una especie de circo raro (nunca me ha gustado el circo) y acabé olvidando lo que había visto. Naranjito era prioridad número uno en aquel momento, la verdad. Años más tarde, se produciría el segundo contacto más o menos consciente: metido hasta el fondo con Metallica y AC/DC, el hermano mayor de un colega de clase me pasaba la cinta del Smashes, Trashes & Hits y me dijo: “prueba con estos”; pero aquella portada tan agitanada me echó para atrás desde el primer momento y apenas les di una oportunidad: esos títulos, esas pintas, ese mar de manos… ni en broma, vaya. Casi como San Pedro, acababa de negar a KISS(to) por segunda vez; hacerlo una tercera hubiera sido blasfemia. Afortunadamente, no tardaría mucho en caer en sus redes.

Con quince/dieciséis años, aparte de devorar cómics, empollarme los clásicos discos de metal y hacer playbacks en casa escuchando a Queen, lo que más me molaba era ir al cine y fliparlo con los clásicos de entonces: la saga ‘Regreso al Futuro’, ‘Ford Fairlane’, ‘Este Muerto Está Muy Vivo’, ‘Desafío Total’… uno de mis títulos preferidos era la muy olvidada ‘Las Alucinantes Aventuras de Bill y Ted’ (de cuando Keanu Reeves no era nadie y molaba), así que uno de los acontecimientos de la temporada, allá por 1991, era el estreno de su secuela (‘El Alucinante Viaje de…’). Brutal, oigan: mejor incluso que la primera… pero el momento que me dejó KO, más que aquella Muerte tan cachonda o los alter ego robóticos, fue el temazo que se marcaban al final de la cinta la pareja protagonista. Al terminar la peli, esperé a los créditos y allí ponía que su reconocible título («God Gave Rock & Roll To You… Parte Dos??») lo tocaban unos tipos llamados KISS. Mmmm… ese nombre me resultaba familiar, y la canción era cojonuda, así que había que indagar más. En aquellos años, internet estaba todavía por inventarse, así que el proceso de investigación-anticipación-descubrimiento lo hacía todo cien mil veces más apasionante que hoy en día. Y, poca broma: una semana más tarde ya habían caído en mis manos un par de cintas grabadas con material de aquellos señores (entre ellas, el recuperado y muy ensortijado recopilatorio Smashes, Trashes…); aquello pintaba bien, aunque lo mejor estaba por llegar.

En pleno año olímpico, se anunciaba la inminente publicación del nuevo disco de estudio de KISS. Servidor ya había ido buceando en su legado lo suficiente como para diferenciar sus anteriores vidas (la etapa maquillada me parecía fascinante, mientras que el material más ochentero me resultaba bastante hortera), pero aquel nuevo trabajo –Revenge, iba a llamarse- me tenía realmente emocionado: ese iba a ser mi primer disco de KISS ‘en tiempo real’, era un momento único. Había muchas ganas, ¡y vaya si cumplió con las expectativas! Junto a la hímnica –mágica- «God Gave…» (tema que, a pesar de pertenecer a otra banda, siempre he considerado como propio de KISS), el resto de canciones que componían el trabajo era un pepinazo tras otro. «Unholy», «Domino», «Take It Off», «Paralyzed», «I Just Wanna»… en aquel momento me daba igual que el productor fuera Bob Ezrin o que el malvado Vinnie Vincent hubiera echado una mano puntual a sus ex colegas; lo que realmente importaba es que aquello sonaba como un cañón. Canciones de directo hard-rock, aparentemente sencillo, pero con miles de detalles, un equilibrio perfecto entre cerebro y entrepierna, corazón y cojones, que –para más inri- contaba con la mejor imagen de Stanley y Simmons sin maquillaje hasta la fecha (años atrás, parecían folklóricas AOR). Tampoco era necesario establecer paralelismos con épocas pasadas que me quedaban demasiado lejos: sin Ace ni Peter –ni siquiera Eric Carr- como inevitable vara de medir, la sólida labor de Bruce Kulick y Eric Singer no admitía más que reverencias (especialmente, el hermano de Bob está que se sale en los surcos de este vinilo). Objetivamente, aquello era un discazo. Incluso la balada de turno, «Everytime I Look at You», te ponía la piel de gallina entre tanto corte de alto octanaje. Revenge, fresco y poderoso, centrado y salvaje, se vendía como el ‘regreso a su mejor forma’, pero para mí era ya un disco monumental por sí mismo, sin necesidad de estúpidas comparaciones, que siempre resultan odiosas. A día de hoy, es un álbum que sigo escuchando a menudo: el paso del tiempo (veintidós años ya) le sienta de miedo, a diferencia de otras producciones suyas paridas en la década de Parchís, que han quedado algo más resentidas (aunque tampoco tanto). Revenge lo tenía todo para devolver la hegemonía hard-rockera a las garras de KISS… lástima –para ellos- que luego llegara el grunge y lo jodiera todo. Pero eso es otra historia. Y a mí no me toca contarla…

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